La Mochila

En un viaje que tuve la oportunidad de hacer recuerdo haber empacado una mochila, mientras caminaba con la mochila en la espalda empecé a sentir como esta me empezaba a incomodar, como el peso iba siendo cada vez más insoportable y como poco a poco empezaba a sentir un dolor que recorría desde mis hombros hasta mi espalda, ese dolor hacía que dar cada paso hacia adelante me costará mucho más. Llegando a un lugar de descanso me pude dar cuenta que en la mochila había empacado cosas que en realidad no iba a necesitar pero que ya había cargado por mucho tiempo, me había dado cuenta que había estado llevando un peso innecesario, pero yo había sido el que había empacado esa mochila, ¿A quién más podía yo pretender responsabilizar?

En la vida nos pasan cosas similares, vamos llenando nuestra mochila con culpas, con temores, con rencores, empezamos a quejarnos de todo lo que debemos cargar y queremos seguir caminando sin darnos cuenta que con cada paso que damos hacia adelante nos estamos quedando sin fuerzas, que con cada paso que vamos dando el dolor se hace mucho más grande, nos vamos desgastando y empezamos a arrastrar los pies, viendo únicamente al suelo exhaustos. Algunas veces cargamos con un pasado que ya no podemos cambiar o algunas cargamos con un futuro que no sabemos si va a llegar. Dios en su infinita misericordia nos pide que le entreguemos la mochila y que podamos descansar mientras seguimos caminando, nos pide que vaciemos esa mochila, que dejemos todo aquello que no necesitamos cargar, Dios nos da únicamente las cargas que sabe que nosotros podemos cargar. Es momento de recordar siempre que Jesús, con su sacrificio en la cruz nos hizo libres de todas estas cargas pero que es cuestión de nosotros seguir cargando con todo esto o decidir vaciar la mochila.

¿Qué llevas tu en esa mochila?, son tus temores, o quizá algo más, ¿Cuánto tiempo más vas a poder seguir cargando esa mochila? El día de hoy te invito a que puedas bajar esa mochila y poderla vaciar, entregarle todo a Dios porque esto aligerará tu caminar y de esta manera podrás disfrutar mejor el camino, da ese paso de Fe y verás como Dios te da nuevas fuerzas sin importar que tan cansado puedas estar.

Soy un hombre inquebrantable que en este camino ha aprendido a empacar mejor la mochila, un hombre inquebrantable que ha aprendido a aligerar la carga, un hombre inquebrantable que en el inmenso amor de Jesús ha aprendido a llevar todo a esa cruz, de donde mis fuerzas son renovadas y en donde sigo disfrutando del camino.

Publicado por juanpablocastaneda

Hace un año tome la decisión que cambió por completo mi vida, en 72 horas tuve un encuentro con Dios que me llevo a compartir esta historia.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar