Me considero un apasionado del deporte, la mayor parte de mi tiempo tuve la oportunidad de practicar algunos, pero sin duda alguna el fútbol ha sido quizá uno de los que más me ha gustado jugar, estando una vez en un partido recuerdo que todo no estaba funcionando bien, recuerdo haber errado muchos pases y haber estado un poco más ansioso que de costumbre, el equipo parecía desconectado de la idea que habíamos practicado, el árbitro pito los primeros 45 minutos y nos fuimos al medio tiempo. El segundo tiempo fue algo diferente nos logramos encontrar dentro del partido y parecía que nos habían reseteado el chip, todo salía a la perfección, es como si nos hubiéramos encontrado nuevamente con lo que sabíamos hacer, ese partido lo terminamos ganando 4-0, pero sobretodo demostrando una actitud que no habíamos demostrado en los primeros 45 minutos.
Algunos amigos preguntaron que había cambiado y todo hizo click, fue el medio tiempo, ese tiempo fue clave para poder escuchar a nuestro entrenador decirnos como podíamos mejorar, entendimos en que nos estábamos equivocando pero sobretodo tuvimos la oportunidad de hacer esa pausa en la forma en la que estábamos jugando el juego y escuchamos atentamente que era lo que debíamos hacer cuando saliéramos nuevamente a la cancha y fue en esos breves 15 minutos donde se cambiaron los siguientes 45 minutos.
La vida cristiana lleva un cierto componente así, algunas veces nos lleva por un camino que pareciera una montaña rusa, procesos que me algunas veces nos hacen tambalear, procesos en los cuales algunas veces no vemos una salida y que nos hacen dudar si en verdad algo diferente puede pasar, que estamos haciendo todo mal y se nos olvida la idea original del proceso, se nos olvida el porque estamos pasando el proceso, pareciera que en ese momento Dios no esta haciendo nada e inventamos la manera de solucionar las cosas. Es en este momento donde debemos de irnos a ese medio tiempo, es en este momento donde debemos parar y escuchar las instrucciones que Dios tiene para nosotros, es en ese momento donde volteamos a ver hacia arriba confiados que aunque no veamos nada todavía vamos a poder ver todo aquello que Dios ha prometido para nuestra vida, es en ese momento donde nos rendimos por completo y reconocemos al único que en verdad tiene el control de todo, pero es en ese momento donde aclaramos la idea original del juego y salimos preparados para el segundo tiempo.
Dios trabaja de esa manera porque sólo en un proceso de escasez vamos a poder ver a aquel que es dueño de todo, sólo en un proceso de dolor vamos a poder ver a aquel que tiene un amor perfecto para nosotros , solo en un proceso de enfermedad vamos a poder ver a aquel que con sus llagas no curo, pero todos aquellos que no hemos experimentado esto, sólo en el proceso vamos a poder ver toda la magnificencia de un Padre que nos ama sin importar nuestras equivocaciones pero que gracias a Jesús nos hizo coherederos con Él. Los procesos son complicados pero para aquellos que tenemos FE en Dios vamos a poder ver nuestras vidas por esa fuerza imparable que nos ha prometido todo para nuestra vida.
Soy un hombre inquebrantable que sin importar los procesos espera confiado en todo lo que ha sido escrito para mi vida, un hombre que en el proceso busca el propósito de lo que esta pasando, un hombre que no tiene duda del amor de Dios pero sobretodo un hombre que aprendió a disfrutar el camino. Hoy te digo disfruta el medio tiempo con Dios y verás como el segundo tiempo cambia por completo.